• Bettina Russian

El mundo “congelado” de Jungfraujoch

Actualizado: 10 de nov de 2019

Este centro de montaña cuenta con la estación de tren a mayor altitud de Europa y hermosas vistas del glaciar Aletsch, el más largo de los Alpes


El trayecto para llegar al tope puede incluir varios trenes y hasta dos horas

A mí me encanta celebrar mi cumpleaños viajando. Así que, viviendo en Suiza, decidimos ir a Jungfraujoch, mejor conocido como el Tope de Europa. ¿Por qué? Porque este hermoso centro de montaña está a 3 mil 454 metros de altura y su pico más alto, el famoso Jungfrau, a 4 mil 158 metros.

Esta montaña está ubicada en las tierras altas del Cantón de Berna, cerca de los pueblos de Grindelwald, Wengen, Mürren y Lauterbrunnen, un destino de vacaciones excepcional para los amantes del senderismo y la naturaleza.

Para hospedarnos escogimos Wilderswil, muy cerca de Interlaken, en un hermoso chalet tradicional que encontramos a través de Airbnb. Y resultó perfecto porque estábamos muy cerca de la estación de trenes para no demorarnos mucho al momento de salir temprano en la mañana.

Sí, definitivamente mi primer consejo será que tomen el tren temprano. El viaje dura entre una y dos horas (despendiendo si se hospedan en Interlaken –más lejos- o Lauterbrunnen y Grindelwald –más cerca-). Nosotros salimos antes de las 7:00am de la casa y llegamos al tope a las 9:00am más o menos, después de tres trenes.

La principal ventaja de salir temprano es evitar las manadas de turistas que viajan en grupo y suelen llegar en tours después de las 11:00am. ¡Nosotros tuvimos dos horas de tranquilidad antes de que llegará el gentío! Además, dicen que las mejores vistas se obtienen temprano, ya que muchas veces la neblina hace de las suyas en las alturas.

Aunque el viaje en tren es largo, resulta muy entretenido. Los paisajes son hermosos, de los más bellos que he visto: montañas nevadas, ríos, cascadas, verdes praderas, en fin, todo parecía pintado a la perfección. El último tramo, antes de llegar a la estación de tren a mayor altitud de Europa, se realiza en un tren de cremallera. Desde Kleine Scheidegg, el tren sube por un empinado túnel de 7 kilómetros construido entre 1896 y 1912.

En el túnel, el tren hace una parada corta para que los turistas se bajen y, a través de unos ventanales, disfruten de la vista de la cara norte del Eiger y del mundo glaciar. Nosotros aprovechamos de tomar fotos por si acaso arriba estaba nublado, pero al final tuvimos un día soleado espectacular.

Ir a finales de Mayo fue una excelente elección ya que todavía había mucha nieve, pero no hacia tanto frio, viento o neblina. Al llegar, lo primero que hicimos fue visitar el mirador Plateau, donde aprovechamos de tomar fotos del glaciar Aletsch -el más largo de los Alpes con 3 kilómetros- y las montañas que lo redean.

Luego visitamos el preferido de mis hijos: el palacio de hielo, un espacio lleno de bellísimas esculturas hechas con hielo. Verán pingüinos, osos, águilas y otras esculturas congeladas a menos de 3 grados centígrados. ¡Cuidado al caminar! Obviamente el piso es súper resbaladizo, así que usen los pasamanos.

De allí fuimos a la “sensación alpina”, una galería con información muy interesante sobre la construcción del tren, los mineros que trabajaron en la obra y el centro de montaña que es hoy Jungfraujoch. Luego tomamos un elevador muy rápido (sube 108 metros en 25 segundos) hasta el observatorio Sphinx para disfrutar otras vistas del Tope de Europa.

Quisimos visitar el Parque de Diversión de Nieve, pero la altura hizo de las suyas. Para llegar debíamos caminar en la nieve por un lago trayecto, pero a la mitad del camino resolvimos devolvernos. Tanto los niños como nosotros estábamos muy cansados, a veces no es fácil que el cuerpo se adapte a un cambio de altura tan drástico.

Decidimos disfrutar del lugar con una cerveza en mano, en unas sillas muy cómodas con vista al glaciar. Los niños gozaron con unos trineos en un tobogán de nieve cerca del bar en el que estábamos. Si ustedes pueden, traten de llegar al parque de deportes de nieve, donde ofrecen clases para esquiar, snowboarding, trineos y otras actividades que lucen divertidísimas. Todos los equipos pueden ser alquilados allí.

De regreso, decidimos parar en la estación de trenes de Wengen, para comer en esta hermosa villa alpina conocida por su política car free, sus chalets de montaña y sus hoteles de la belle époque. En Jungfraujoch hay tres restaurantes: Crystal (cocina suiza e internacional), Bollywood (cocina india) y Aletsch (buffet), por si deciden comer en el tope.

La visita a Jungfraujoch nos gustó, pero definitivamente no ha sido nuestra favorita. Las vistas son hermosas y el lugar resulta un buen paseo familiar, pero los ríos de turistas corriendo por todos lados arruinan la experiencia.

Además, el costo es bastante elevado. Desde Interlaken Ost, el viaje en tren ida y vuelta puede costar hasta 210 chf por persona. Es decir, una familia de cuatro (con adolescentes) pagaría unos 840 chf para llegar allí. La mejor opción es usar la Half Card, del transporte público suizo, porque se paga media tarifa. Los niños menores de 6 años no pagan, lo que fue una ventaja para nosotros.

Muchos dicen que visitar Jungfraujoch es una experiencia única en la vida. Mi esposo dice que definitivamente lo es, ¡pero por el precio! Igualmente la pasamos muy bien, disfrutamos de la nieve –en Mayo- y conocimos uno de los lugares más famosos de los Alpes suizos.







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Sobre mi

Periodista venezolana. Madre de dos aventureros: Isabella y Gianluca. Y esposa de Italo, mi cómplice de aventuras. Actualmente residentes en Suiza. 

 

Espero que mis textos y fotos te motiven a vivir de viaje. ¡Bienvenido!

Bettina Russian

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